Bienvenidos al blog de "El Filo de la Espada". Quiero dejar claro que en este blog no hay contenidos que hayan sucedido en la realidad ni se estén llevando a cabo o se planeen llevar. Todo lo que se relate o describa aquí es ficticio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Gracias por leer.

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miércoles, 5 de enero de 2011

El hombre de "El Filo de la Espada", Cap.1


Por la pequeña rendija que las maderas me dejaban, pude observar como el hombre de la cicatriz en la ceja le propinaba al otro un severo puñetazo, el cual le hizo sangrar por el labio.

-Te dije que no quería material malo…
-Pero…DongSoo, -El hombre del suelo tosió un par de veces- no hay mejor material en toda la ciudad…
-Entonces… -Se agachó y cogió el mentón del hombre que estaba en el suelo, acercándolo a su cara con aire amenazador- ¿Qué crees que debes hacer?...
-S… ¿Salir de la ciudad?...
El hombre sonrió de forma irónica y lanzó nuevamente la cara del otro al suelo -Muy listo, perro… -Habló mientras se encendía otro cigarro más- Tienes dos días para encontrar lo que te he pedido… ¿entendido?
-S-sí…
Se hizo un silencio de un par de segundos. El hombre de la cicatriz miró al del suelo arqueando una ceja -¿A qué esperas? ¡No pierdas más el tiempo! ¡Cuánto más tardes, mayor será el castigo! –Le propinó una patada que lo hizo rodar con violencia hasta las cajas donde yo me ocultaba. Se me escapó un pequeño gemido de la sorpresa. Me tapé rápidamente la boca, pero pude observar como el tal DongSoo se giraba hacia mi guarida y miraba con los ojos entreabiertos intentando encontrar a alguien, en este caso, a mí. Oh, mierda.
Escuché sus pasos acercándose lentamente hacia donde yo me encontraba. Mi corazón comenzó a palpitar de una manera sobrenatural, como si fuera a explotar. Cada vez lo sentía más cerca de mí. "Se acabó" pensé. Cerré los ojos con fuerza, y me resigné a lo que me esperaba en cuanto aquel hombre me viese escondida entre ese cúmulo de cajas.

- DongSoo, tenemos problemas -Una grave voz resonó. Los pasos se detuvieron en seco. Otra voz se escuchó.
- ¿Problemas? ¿Qué cojones pasa ahora? -Esta vez, el que hablaba era DongSoo, reconocí su tono de voz-.
- Será mejor que lo veas por ti mismo.

Un bufido salió de la boca de DongSoo, para después maldecir a quien fuera que estuviese molestando en ese momento. Sus pasos ahora sonaban en dirección contraria a la mía.

- Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no? -Dijo hablando al joven que yacía en el suelo.
         Seguidamente, se escuchó como aquel hombre cargaba su pistola, para después, salir de la estancia dando un sonoro portazo. El chico gimió levemente, e intento levantarse apoyándose en las cajas. Estas cayeron y se disiparon, quitándome toda posibilidad de seguir oculta. "Es hora de correr".

Corrí como alma que lleva el diablo hacia la única puerta que veía, pero justo antes de llegar, frené en seco. Al otro lado estaba el tal DongSoo… Miré hacia atrás y vi al hombre del suelo girar sobre si mismo para mirarme.

-¡Tú! ¿¡Quién eres!?

No lo pensé más y aproveché que le costaba levantarse para salir rápidamente de allí. Cerré la puerta tras de mí, mala idea. El almacén entero estaba a oscuras y no podía ver nada que no estuviese a menos de dos palmos de mí. Avancé como pude en la oscuridad, lentamente e intentando no hacer ruido con mis pisadas. A lo lejos podía oír los gritos y los tiros que se estaban produciendo fuera, y aquello me hacía correr la sangre como nunca lo había hecho en la vida…
         En aquel momento, justo a mi lado, divisé una luz que indicaba una salida de emergencia. Abrí la puerta sin dudarlo, bajando las escaleras hacia el parking que había en el subsuelo, era mejor esa opción que salir por donde se estaba produciendo el tiroteo.

Al llegar al parking, noté que había algo más de luz. Aquello ya no era oscuridad absoluta, era más bien penumbra. Corrí ocultándome entre los lujosos coches que supuse, habían dejado ellos allí, mirando hacia un lado y hacia otro, vigilando por si alguien venía.

Cuando ya estaba casi al salir del parking, oí la puerta abrirse de un golpe seco. Me dí la vuelta, y con algo de esfuerzo pude ver un hombre trajeado con una pistola en la mano.

-¡Eh! ¡¡Eh!! ¿¡Quién eres!? –Comencé a correr hacia la salida, saliendo al exterior, a la gran ciudad, donde la gente y el bullicio me ayudarían a ocultarme- ¡¡Eh, vuelve aquí!!

El hombre comenzó a correr detrás de mí. Sentí una gran presión en el pecho, me costaba respirar, y mis ojos parecía que se iban a salir de su órbita por cuenta propia. Esquivaba a la gente como podía, mirando hacia atrás a ratos para comprobar, con miedo, que seguía persiguiéndome. Corrí durante una calle entera, hasta llegar a un pequeño callejón. Doblé la esquina y me oculté detrás de los primeros cubos de basura que vi, con la esperanza de que no me encontrase.
         Pude observar con alivio como el hombre pasaba de largo y seguía corriendo. Pegada a la esquina, le miré correr y correr hasta la lejanía.

Apoyé la espalda contra la pared y respiré profundamente, recuperándome de la carrera, me peiné un poco con los dedos y salí de nuevo al cúmulo de gente.

Me sentía algo más segura entre el bullicio, por lo menos sabía que, aunque me encontrara, no sería capaz de hacerme nada en medio de tanta gente. Caminé con cautela, ocultándome entre la gente, mirando atrás de vez en cuando para asegurarme de que aquel hombre no me seguía. Estaba cansada, las piernas me temblaban y mi respiración no podía calmarse. Continué andando hasta llegar a un pequeño parque bastante alejado del bullicio. Me senté en un banco que allí había para reponer fuerzas. Estiré las piernas y cerré los ojos. El ruido de la gente y el tráfico se oía lejano, y la suave brisa golpeaba mi cara con delicadeza. Hacía tiempo que no podía disfrutar de un atardecer. La luz anaranjada enfocaba directamente en mi rostro, dándome cierta sensación de calidez. Me sentía tranquila, segura. Pero no por mucho tiempo. De repente, interrumpiendo mi momento de tranquilidad, unas manos me agarraron por los hombros con fuerza. Comencé a forcejear, pero su fuerza era mucho mayor. Estaba acabada.

-¡No me hagas daño! -Grité- ¡No he visto nada mientras estaba allí, yo solo quería...!
-¿De qué hablas? -Una voz familiar llegó a mis oídos- ¿Quién te va a hacer daño?

Dejé de forcejear, y cerré los ojos con fuerza, mientras me mordía el labio, arrepintiéndome de haber dicho esas palabras.

-Ah... eres tú -Sin siquiera mirarle la cara, sabía de quién se trataba-.
-¿Quién pensabas que era? -Un chico alto, de pelo corto, con unos mechones negros cayéndole por la frente. Vestía con una camiseta sin mangas negra, vaqueros y chanclas. Tenía un rostro bastante masculino, con un poco de bello en la barbilla-.
-Nadie, simplemente me habías asustado -Dije con voz tímida-.
-¿Hasta tu propio hermano te asusta? -Dijo riéndose-.
-Cállate, HyunJoo, cállate.
-Bueno, ¿Qué haces aquí? Supuestamente tendrías que estar en la tienda.
-Sí, me mandaron al almacén y… me… paré por el camino.
-Pues venga, ¡A trabajar!... -Le miré con carita de pena, haciendo pucheritos. Él soltó una carcajada y me revolvió el pelo.- Qué, no te apetece, ¿no? –Soltó un suspiro- Está bien, llamaré a EunYeon para que te cubra el puesto. Pero es la última vez que lo hago.
-¡Vale! -Salté de mi asiento para abrazarle-. ¿Vamos a algún sitio?
-Sí, claro. ¿Qué te parece si…? –En ese preciso momento sonó su móvil- Espera YongMi –Se alejó y contestó al móvil. Al instante, su cara cambió totalmente y se puso serio. Después puso lo que parecía cara de enfado-.
-¿Qué pasa? –Dije acercándome-.
-… Tengo que irme. Tengo trabajo.
-Jo… no me digas eso…
-Lo siento, pero ya te he dicho muchas veces que mi trabajo no es algo que…
-Que se pueda dejar cuando se quiere, lo sé. –Le interrumpí- Anda, vete, y deja a tu hermana desamparada y sola –Puse morritos para dramatizar el momento-.
-Volveré pronto, tranquila.

HyunJoo sonrió y empezó a correr mientras se despedía de mí con la mano. Le vi alejarse corriendo hasta que dobló la esquina y no pude verle más. Mi hermano mayor era el típico tío descuidado que en el fondo adoraba a su familia… Aunque vivíamos solos, ya que mis padres murieron, desafortunadamente, en un tiroteo en uno de los barrios peligrosos de la ciudad. Yo era lo único que le quedaba, y viceversa.
         Decidí volver a casa y dormir o ver la tele el resto del día. Me levanté y puse rumbo a mi casa, jugueteando alegremente con las llaves en mi mano.

La ciudad estaba envuelta por la noche cuando llegué a mi portal. Subí las escaleras hasta el segundo piso y me detuve en seco. Fuertes golpes procedían de la zona en la que mi puerta se encontraba. Asustada, me oculté detrás de una columna para ver lo que pasaba. Como pensaba, los ruidos procedían de mi puerta. Tres hombres vestidos traje y repeinados la aporreaban con fuerza, incluso pude ver que había pequeños boquetes en ella. Eran altos, esbeltos, incluso podría decir que atractivos. Los tres hombres cada vez golpeaban la puerta con más fuerza, mientras gritaban.

-Sal ya, ¡hijo de perra! -Dijo uno de ellos mientras pegaba una patada a la puerta- No lo volveré a repetir, ¡o sales ya o te volamos la puerta a tiros! -Sacó una pistola y la cargó, lo que hizo que me estremeciera.
         Tenía miedo, mucho miedo, ¿qué buscaban aquellos hombres? En esa casa sólo vivíamos mi hermano y yo, ¿que podrían querer de nosotros? No sabía que hacer, si salir y enfrentarme a ellos, o seguir vigilándoles desde mi escondite. El hombre de la pistola río, y tirando al suelo el palillo que llevaba entre los dientes, aparto a los demás a un lado, y se colocó en posición de disparar.
         Mi corazón latía cada vez más fuerte, y no sabía donde meterme. ¡Iban a volar mi casa a tiros! Pero algo hizo que no ocurriera. El móvil de uno de ellos sonó. El hombre de la pistola resopló mientras se mordía el labio.

-¡Joder! Qué oportuna es la gente -Dijo sin abandonar su posición. El hombre contestó al teléfono, y después de pocas palabras, colgó. Miró al hombre de la pistola levantando una ceja. Este, parece que comprendió de qué se trataba la llamada, y puso los ojos en blanco-.
- ¿Ahora? -Preguntó gritando. El hombre asintió. Guardó la pistola con gran resignación y se puso bien el traje- Estés o no estés ahí, quedas advertido. No juegues con nosotros, perro, o acabarás perdiendo.

Escupió en la puerta y con un rápido gesto se peino con las dos manos, mientras sacaba otro palillo de su bolsillo para metérselo en la boca. Se dirigían a donde yo estaba, y yo cada vez me iba poniendo más nerviosa. Decidí hacer lo más sensato en esa situación. Salí de mi escondite en dirección a ellos, fingiendo que era una vecina más. No sospecharían nada, y no serían capaces de hacerme daño allí mismo. Salí a su encuentro, mirando a las paredes, intentando disimular. De repente, uno de los hombres hizo un ruido con la boca, y los tres se pararon en seco. Yo cada vez estaba más nerviosa, pero seguía mirando a las paredes, como si no pudiera verlos.

- Mira que pivón tenemos aquí, DongChan -Dijo el hombre que antes llevaba la pistola a uno de ellos, mientras me miraba de manera perversa- Muy buenas noches, señorita -Y con una leve reverencia, se inclinó ante mí. Los otros dos hombres, hicieron lo mismo. El hombre volvió a su posición inicial y con una sonrisa de medio lado, continuó andando, seguido de los otros dos. Seguí andando con la cabeza agachada, con las manos sudorosas. Ya está, ya había pasado.

- Señorita…

Su voz volvió a sonar detrás de mí y mi corazón comenzó a latir rápido de nuevo. Me giré lentamente para mirarle. El hombre, con la misma sonrisa de antes, se sacó el palillo de entre los dientes, y con una de las manos, me lanzó un beso, para luego guiñar un ojo, y volver a meterse el palillo entre risas. Yo mire hacia abajo y continué con mi camino. Esperé unos segundos a escuchar el ruido de la puerta del portal, y una vez se cerró la puerta, saqué las llaves y decidí entrar a casa de una vez. "No estaba mal el tío" pensé.

…¿¡Pero qué coño…!? ¿Cómo que no estaba mal? ¡Era un jodido matón! Si descubriese que vivía allí seguramente me habría metido un tiro entre ceja y ceja. Cerré la puerta tras de mí y me tiré en el sofá a la bartola. Había sido un día de perros… Estuve pensando durante varios minutos si llamar a la policía o no, pero decidí no hacerlo, ya que seguramente sabrían quién había sido y me buscarían para matarme o Dios sabe qué. Fui a coger el mando de la televisión cuando vi el móvil de mi hermano encima de la mesa. ¿Había estado en casa?...
         De repente, oí un fuerte golpe en la habitación de mi hermano. Corrí hacia ella y abrí la puerta.

-¿HyunJoo?... –En cuanto miré al suelo, vi a HyunJoo saliendo de debajo de la cama, con varias heridas por el cuerpo y sangrando- ¡¡¡Dios, HyunJoo!!! ¿¡Qué ha pasado!? ¿¡Estás bien!?
-Se… ¿Se han ido?...
-¿Qué? ¿Quiénes?
-Los tipos de traje… ¿Se han ido?
-Sí, sí, se han ido… ¿Quiénes eran? ¿Ellos te han hecho esto?
-No, no ellos… YongMi, escúchame… -Se levantó y se puso enfrente de mí, mirándome muy seriamente- Vamos a tener que mudarnos…
-¿¡Qué!? ¡¡¡No!!! ¡Esta es la casa de mamá y papá!
-¡¡¡Escúchame!!! –Dio un golpe contra la pared- … Esos tipos seguramente volverán por aquí, y si me encuentran nos matarán a los dos, ¿entendido?... Haz las maletas, nos vamos de aquí.

No pude más con aquello. A él siempre le daba igual todo, pero yo no pensaba abandonar la única cosa que mamá y papá nos habían dejado en este mundo.

-HyunJoo… Vete.
-¿Qué?...
-Que te vayas… Pero sin mí.
-¡YongMi, ¿pero qué…?!
-¡¡¡Me da igual si tu quieres irte pero yo no pienso moverme de aquí por muchos matones o gilipollas que vengan!!! ¡¡¡Esta es la casa de nuestros padres y no la pienso abandonar!!! ¡¡¡Ahora haz tus putas maletas y vete de aquí!!!

Salí de la habitación corriendo y dí un sonoro portazo para, acto seguido, meterme en la mía y cerrar con pestillo. Mi hermano empezó a aporrear la puerta y a gritar mi nombre, pero yo no le escuchaba. No quería oírle, suficiente había tenido por hoy con los hombres trajeados y los matones de mierda. No quería tener que irme.

-¡YongMi! ¡¡¡YongMi, joder, abre la puerta!!! -HyunJoo gritaba cada vez más fuerte- No lo entiendes, debemos de irnos o... -Se calló. Entre sollozos, contesté-.
-¿Qué has hecho para que esos matones vengan a por ti? ¿En eso consiste tu trabajo? ¿En codearte con mala gente? -HyunJoo dejó de aporrear la puerta-.
-YongMi, es mucho más complicado que eso... -Dijo ahora con voz serena-.
 -¿Más complicado? Me estás pidiendo que abandone nuestro hogar de toda la vida, y no me quieres dar si quiera explicaciones.
-Abre la puerta, vamos a hablar... por favor…

El tono sereno de mi hermano hizo que mi corazón se ablandara, así que abrí la puerta y le dejé entrar. HyunJoo entró mirándome con los ojos encharcados, mientras varias heridas sangrantes llenaban su rostro de un color rojo oscuro.

-¿Y bien? -Dije limpiándome las lágrimas. Me resultaba realmente duro ver a mi hermano en esa situación. Él me cogió de los brazos y apretó con fuerza-.
-Escúchame bien, YongMi -Sus ojos estaban a rebosar de lágrimas que no conseguían caer- sólo quiero protegerte, no lo estoy haciendo por gusto, ¿sabes?...
Me reí -Ah, no lo estas haciendo por gusto, ¿no? Yo creía que tenía un hermano normal, que trabajaba en algo extraño pero fuera de peligros, y ahora resulta que es un gilipollas al cual persiguen mafiosos. ¿Quién cojones te ha mandado meterte en ese mundo?
HyunJoo me agarró aun con más fuerza y me acercó a su cara. -¡¡¡No sabes de lo que estás hablando!!! -Dijo gritando-.
- ¿Ah no? -Dije yo aún más alto- ¿Entonces por qué esa gente te ha venido a buscar diciendo que quedabas advertido, y encima estás lleno de heridas por todas partes? Eso no se le hace a alguien así como así ¿sabes?...
HyunJoo ladeó la cabeza poniendo la lengua en su labio roto. -YongMi... Está bien, si no quieres venir conmigo, está bien. Quédate aquí, espera a que vengan y te maten. Pero luego no digas que no te he avisado.
-¿Por qué iban a matarme? ¿Me vas a decir de una vez lo que has hecho, joder? -Mi voz sonaba histérica-.
- YongMi... cállate -Dijo HyunJoo apretando los puños-.
- ¿Que me calle?... ¿Que me calle?... ¿¡Quién te crees que eres para mandarme callar después de todo lo que ha pasado!? -Dije entre gritos- después de que unos hombres te hayan reventado, y encima luego me digas que nos tenemos que ir de aquí, ¿¡Encima me dices que me calle!? ¡Tú la has cagado, tú eres el culpable de todo esto! ¡¡Dime de una puta vez que es lo que has hecho, HyunJoo!! ¡Dime que...!
- Maté a un hombre -Interrumpió HyunJoo con el rostro llenó de lágrimas que se mezclaban con la sangre.
Quedé paralizada al escuchar eso. Mis ojos quedaron abiertos como platos, mientras las lágrimas no dejaban de caer. HyunJoo aflojó la presión en mis brazos, mientras me miraba a los ojos gimiendo.
- Apártate de mí... -Dije entre sollozos. HyunJoo seguía en la misma posición- ¡Que te apartes he dicho! -Pegué un empujón que hizo que se tambaleara- HyunJoo... pensaba que eras buena gente…
-YongMi… Lo siento… -HyunJoo me habló casi ahogándose con sus lágrimas. Después de unos segundos sin decir absolutamente nada, mirándonos a los ojos, sollozó y se dio la vuelta, encaminándose a su habitación, y cerró la puerta tras de sí.