Entré y lo ví todo teñido de una tenue luz anaranjada, proviniente de las lámparas pegadas a la pared. El humo de los puros flotaba por doquier y los hombres, algunos trajeados, algunos en camiseta interior, hablaban animadamente mientras jugaban al póker alrededor de la mesa. Los vasos que allí había apoyados goteaban whiskey, ginebra, y otros tipos de bebidas alcohólicas. Los coloridos tatuajes en los brazos de aquellos que llevaban camiseta de tirantes atrajeron mi atención a ratos sí, a ratos no, mientras me miraban riendo y me invitaban a un puro, el cual yo rechacé. Me senté en uno de los sofás de cuero alejados de la mesa, y dos hombres de los trajeados me acompañaron y se sentaron ambos a mis lados.
-¿Y bien?
-... Me quedo. De momento.
Ese fue mi primer paso hacia el filo de la espada, sin temerla, mirándola frente a frente y agarrándola con la palma de la mano firmemente. Ese fue el día en el pasé a formar parte de el acero que los une. Ese fue el día en el que los grabados de una empuñadura temida por todos se marcaron en mi cuerpo. Ese fue el día... en el que me convertí en el filo de una espada.
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